
bueno... porque se acabó el día, propuso el alita para el brindis de tinto y no hubo chin-chin por el silenciador de los tetrabrick; seis litros, uno para cada uno.
les faltaba la sensación de hogar dulce hogar porque hubo que dejar la villa y esconderse en un ex desarmadero, un baldío de mala muerte; mala muerte, como si la villa no lo fuera. se vienen los gendarmes armados hasta el culo y piquenselá porque va en serio, les había dicho la noche anterior el poli de la 23 que pasa siempre a buscar parte de la guita y algún ayudín para los muchachos. se fueron y no hubo lágrimas. se quedaron las mujeres y los chicos: chau, y sin llorar, eh, ya saben lo que tienen que decir.
el alita tragó largo, sacó la nueve de su espalda, gatilló, el estampido y todos observando la bala dirigiéndose al cielo. el alita extrañaba.
cuando bajaron la vista, hacía tiempo que antonio ríos había dejado de cantar y todavía se escuchaba de fondo el rumor crujiente del asado de tira cociéndose al fuego.
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