31.5.07 

zárate, al pie del puente
después de tomar el tren en villa ballester por sólo dos pesos, viajar casi dos horas y veinte minutos más de caminata desde la estación de zárate, llegamos al puente brazo largo y era gigante. estábamos los diez mirando para arriba el ciempiés gigante embalsamado en hierro, cemento y demás.
el evento de rock, hip-hop y graffitis ya había arrancado un día antes, cuando el graffitero pelado con el que charlé recién empezaba los primeros trazos de su obra en uno de los cuatro paredones del pie del puente.
-¿ustedes hacen lo mismo que banksy? -arranqué desde la completa ignorancia.
-no, para nada, lo que él hace es stencil. usa moldes. lo nuestro es todo mano alzada.
-che, ¿y se juntan antes para arreglar el estilo de lo que van a pintar y dónde lo va a hacer cada uno? -me habían llamado la atención los cuatro dibujos distintos en el mismo lado del pie del puente.
-nah, nos ponemos y pintamos -me dijo simplón, como si: no hay secretos acá, flaco, y siguió mirando su parte del graffiti.
me alejé un poco con fer y el pelado seguía con la vista clavada en el paredón; su parte es la más oscura, la de la derecha de la foto y la que menos me gustó. se le acercó otro graffitero y escuchamos que comentaban entre sí una interna del grupo: acá bardearon, dijo el otro como si no hubieran entendido la parte conceptual de ese lado del pie del puente. son puro ego, ya fue, concluyó el pelado.
volví al lugar donde habíamos dejado los bártulos y miré en detalle el puente para evitar el contagio diciéndole a lea que tenía hambre. no daba más, pero, observando la estructura metálica anaranjada, le dije: el que hizo esto es un genio. no me contestó. insistí: ¿cuánto tendrá de alto?. qué se yo, me dijo lea ya con las manos en los bolsillos.
un auto estacionado cerca de los graffitis pasaba hip-hop a todo volumen y, en un principio, me molestó la música, reconozco, pero después, cuando decidí ir a preguntarle sobre el puente a un tipo que tenía pinta de lugareño, caminé, sin querer, siguiendo el tempo de la canción, al ritmo de un rapero yanqui. escuché que los pibes se reían detrás mío pero me puse serio para hablar.
-perdoname, te hago una pregunta: ¿cuánto tiene de alto el puente? ¿sabés?
-en el punto más alto 70 metros y por acá tendrá unos 40 o 50.
dije mirá vos al mismo tiempo en que descubrí que al costado del puente, por donde pasa el tren, hay una especie de garita de caños sin techo donde, en algún momento, debe subir alguien sin vértigo a cumplir alguna función. mientras tanto, el tipo me demostró que la gente del interior siempre tiene unos minutos más para dedicarle a uno amablemente.
-por acá pasan barcos con 6 mil o 7 mil autos, viste. no es joda. por estadística pasan 33 mil barcos por año así que hacé la cuenta... son grandísimos, ya vas a ver, hoy seguro pasa uno mientras ustedes están acá, son como edificios acostados en el agua.
lea me hizo saber que había llegado la comida: bien, la puta que los parió, les gritó a los pibes. le agradecí al tipo sin que se notara que dejaba de hablar porque moría de hambre, se presentó como jorge, y me fui a comer los sandwiches de milanesa completos que habían traído el beto, pablo y el negro. tardaron bocha, les dijo nacho. decime que se comieron unas papafritas, presioné yo. papas fritas con birra mientras esperábamos que los hagan, contestó el beto. bien. era lo que tenían que hacer, los felicité como si tardar tanto sólo fuera justificado de esa manera y no por las veintipico de cuadras que había que caminar.
terminado el almuerzo, los rockeros se fueron a armar y a fumar marihuana a un pie del puente algo más alejado. a los cinco minutos, llegaron los grafiteros para certificar el sector como el estrictamente porrero del puente. las dos tribus se miraban de reojo, respetándose, cada uno en la suya. lea comentó que, charlando con uno, se enteró que las letras raras son las firmas de cada uno en código, que sólo las entienden los que están en la onda y que algunos habían venido desde fuerte apache. cerca de casa, pensé mientras no podía evitar el detalle de uno de los hip-hoperos que tenía el cierre de su campera subido hasta el mentón por el frío pero que, así y todo, había sacado las tres cadenitas doradas al, ya insignificante e insultado, sol de zárate.
media hora después, cuando yo le estaba sacando fotos a la banda que estaba en el escenario, de la nada, apareció jorge y me señaló un edificio gigantezco que hacía la plancha en el agua. azorado lo vi pasar sigiloso como un cocodrilo debajo del ciempiés que permanecía estoico en su abertura de patas. ni siquiera pude fotografiarlo. bajé la vista y volví a ver a los graffiteros en la suya, ya sin hip-hop, respetuosos del rock, y recién en ese momento me llamó la atención que estuvieran ahí:
-¿hay movida de hip-hop acá? -le pregunté a jorge.
-no...
-¿y por qué los invitan?
-debe ser por eso. porque acá no hay movida de nada.
-pensar que allá si los engancha la policía pintando tienen flor de quilombo -terminé diciéndole y cuando giré para ver qué decía no estaba. se había ido de repente.
seguí sacando fotos y, terminado el show, poco antes de irnos, miré el puente por última vez, como una despedida estúpida, y vi a un tipo metido en la garita de caños altísima cumpliendo su función enigmática. a lo lejos, me pareció que era jorge por el color de la campera.


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1.12.06 

palomas atrevidas
llegar al bar trianón, que queda sobre boedo, a unas cuadras de los runrunes de san juan, es para marcos todo un acontecimiento porque allí venden el mejor sanguche. y digo sanguche porque es así como se le dice a este jugoso sanguche de pavita.
marcos volvió después de mucho tiempo. necesitó el regreso no por gracia personal, sino porque tenía que entregar unos dibujos por el barrio que lo vio nacer y ahí estaba. sentado otra vez en las mesitas de afuera del bar trianón.
se sentó y volvió a sentir ese aplauso en su pecho, ese aquí estoy de vuelta, barrio, y vengo por otro sanguche de pavita, carajo. gauchesco, pero es así como marcos reencarnaba en sí mismo, ya saboreando la cerveza y esperando que le traigan las papitas o algo para picar previo al almuerzo.
acá las cosas no cambian, se dijo: maníes y papitas, como debe ser. los vio venir con el mozo arrastrándose por el bar, bandejeando el andar, muñeca gay, nunca cargada al respecto. señor..., dijo y sirvió mientras apoyaba con brutalidad medieval los dos platitos del tentempié que poco después se inauguraría en un triple memorable de marcos: maní entre dedo índice y gordo, flexión de codo, tira y mastica orgulloso. poco después, baño interior de cerveza a temperatura ideal.
aquella gloria interna fue interrumpida por las palomas. la simpatía de los animalitos comenzó a llamarle la atención. palomas guapas, nada de miedo al humano ni mucho menos. correteaban alrededor de la mesa y se les notaba el hambre, miraban y pedían como perro al lado de la parrilla.
segundos después, una paloma atrevida se le subió a la mesa y, parada en el vaso de cerveza, comenzó a picotear el maní y tiró por la borda todo perfil simpático de aquel animal boludo por excelencia.
las palomas son boludas, pero no hay paloma más boluda que la que intenta demostrar lo contrario comiéndole el alimento al humano. entonces, marcos le revoleó tres cachetazos y se le escapó un: puta que te parió, paloma de mierda.
no le pegó. la espantó y el animal voló a la mesa contigua vacía, mientras tanto, las demás se habían acercado para ver la jaula del humano que almorzaba. serían unas veinte con su ruidito característico y marcos se quedó relojeando a la atrevida que ya amagaba a volar de una mesa a otra como un mirage excedido de peso. y en ese descuido inocente se le subió otra gordita, aleteando apenas para hacer equilibrio en el borde de la bandejita de papitas y meta picotear y picotear. pero marcos ni se puso a pensar que ya le había atestado un revés derecho tenístico y el bicho cayó al suelo. se levantó como un resorte para no pasar vergüenza ante la comitiva emplumada y los de la mesa de atrás, la señora y su nietita que acababan de levantarse.
llegó la milanesa y la eternidad de la que había dispuesto el mozo casi ni se había notado. sólo cuando apareció con su slalom reumático entre las mesas de la parte interna... ahí viene el hijo de puta éste, se dijo trasladándole su bronca hacia las palomas.
comió orgulloso porque su revés lo había hecho respetar. de reojo, la comunidad había desaparecido. estaría caminando a fuerza de cogotear y cogotear por algún otro lado. las había vencido. el humano había derrotado a las bestias emplumadas. nada podía vencer al humano enfurecido. claro que no.
pero la realidad refutó rápida y satírica: las palomas ya estaban sobre la mesa de atrás. marcos se dio cuenta por los ruidos que hacían, giró y vio aquella escena de desierto. no eran palomas, eran como diez cuervos comiendo las sobras del almuerzo de la señora y su nieta.
pidió café y le dijeron que no había. se rompió la cafetera, dijo el mozo sin ganas, y marcos: está bien, gracias, ¿la cuenta?, sí, cuenta hay, y la seña de la firma.
por supuesto que se tomaría su tiempo con la cuenta. detrás, las palomas se seguían ocupando de las sobras y marcos se corregía a sí mismo: en las mesitas de afuera de trianón había palomas por la demora del mozo caracol. era evidente. ya no atendía el viejo atlanta. resulta obvia su muerte, ahora que lo piensa, porque ya en aquella época era viejo. pero ese recuerdo ya es otro tema. seguro que, en otra ocasión, marcos va a dediarle alguna remembranza al viejo atlanta. al levantarse para la retirada de trianón, todavía le parece escuchar el chist de atlanta. gira y el viejo pregunta como siempre: ¿cuándo te hacés de atlanta, pibe?.
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recomiendo mucho ésta dirección para los que están interesados en ver un recital completo de coldplay, foo fighters, gorillaz (lo vi y lo recomiendo con mi ¿sello de confianza?), franz ferdinand, dave mathews band, depeche mode y algunos más que no me interesan pero tal vez a ustedes sí.
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21.7.06 

prostitución
al bajarme del 53 en plaza constitución por primera vez, me topé con un sistema ya organizado de negocio, bienes de cambio, compra, venta, diarios, revistas, porno, despertadores, carteristas, pungas, nenes que mean en la pared, muchos colectivos, todos los colectivos, hombres que mean en la pared, roña, papelerío, hoteles de película que nunca aparecieron en ninguna.
recién comenzaba a trabajar por constitución y lo primero que me llamó la atención fueron las putas, la cantidad de preservativos usados tirados por la calle, el éxito de los travestis y también, aunque parezca mentira, comencé a darle más importancia a la complejidad de una infraestructura ferroviaria.
me acuerdo también de una noche en que salí de hacer horas extras y en una esquina me sorprendió ver a un pibe durmiendo en la puerta de una casa abandonada, justo en el lugar donde va el medidor de gas; incluso cerró la puerta por el frío que hacía esa noche. después, con el paso de los días, me di cuenta de que la casa en realidad estaba ocupada y eso fue lo que me hizo imaginar que el pibe dormía ahí cuando necesitaba escapar de su familia; imaginé que a su edad todavía se tiene temor de escapar.
en la terminal del 60, mario ledesma, porque eso decía su cartelito, se dedica a pegarle palazos a las gomas de los colectivos para ver si están pinchadas. esto no es constitución, pibe, esto es pros-ti-tu-ción, me dijo. la terminal está en una calle de esas aledañas que pocos conocen, bien en el límite de constitución con barracas, donde los vecinos andan diciendo que viven en barracas por más que los límites digan lo contrario.
constitución, o prostitución, no es un lugar de esos que el snobismo denomina como in. incluso, ledesma, tal como le gritan sus compañeros del 60, amplía un poco más su descripción intercalando rascadas de testículos e inspiraciones mucosas: hay que saber vivir en constitución, eh. dicen que hay muchas putas ¿las traje yo las putas? no. entonces que no jodan. bien que, a la hora de la siesta, más de uno se hace sopletear en el estacionamiento de atrás. ¿sabés las que pasaron por acá? ¡y los que pasaron vestidos de minifalda y barba de colectivero! ¡mamita!
y luego se puso serio: eso sí, nosotros a las putas las respetamos. no se les debe una moneda y además con nosotros saben que no van a tener problemas de hacerse el vivo y todo eso. nosotros seremos putañeros, pero tenemos códigos, pibe.
con el tiempo le tomé cariño a constitución. tiene ese aire freak que vendría bien para cualquier película. la gente es de película. es suburbana, miserable, marginal, buena, tierna, rara y a la vez exige respeto, los que viven ahí se lo piden a uno. ya lo dijo ledesma: constitución es prostitución, y como buena puta, merece respeto, che.
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4.7.06 

el tiqui y el rock
el tiqui es el rock, dice uno en el anfiteatro de martín coronado. está excediéndose, claro. nadie es el rock y mucho menos el tiqui. es suficiente con ver su aspecto de dos cromosomas menos alinyerado para darse cuenta de que el tiqui no es el rock, pero la gente dice eso porque el tiqui fue amuleto de los piojos.
algunos músicos y fans le imitan los tics en la intimidad pero nunca se animarían a hacerlo en su cara. mano a mano, el tiqui mete miedo con su camperón viejo, su estampa de escalador del everest, su dentadura de teclado estropeado y su monstruosa voz ronca.
nadie conoce el nombre del tiqui y muy pocos se animan a dialogar con él. apenas si algunos cantantes de las bandas que tocan en el anfiteatro lo dejan subir al escenario con algo de recelo para que diga lo suyo y, de todos los que lo escuchan, nadie lo entiende. mientras ejecuta hiperquinético sus tics más cómicos, agradece quién sabe qué cosa y repite incansable: rock, paz y amor.
yo, que voy al anfiteatro seguido y veo al tiqui con la misma frecuencia, pensaba en lo que dice: rock, paz y amor. el rock está. la paz también porque el tiqui no molesta a nadie. no pide más que subir al escenario a decir lo suyo y después anda solo por palomar, ciudad jardín, hurlingham, coronado y caseros con su rareza y su locura. pero el tema del amor me quedaba colgado. nunca había visto al tiqui cerca del amor. sólo su fanatismo por el rock.
nunca lo había visto hasta ayer a la mañana, cuando iba para la estación el palomar del ferrocarril san martín. a las siete de la mañana de un martes, el tiqui estaba hablándole a una chica que esperaba un colectivo sobre marconi. la chica lo miraba atenta, no le tenía miedo ni nada. incluso tenía cierta cadencia alegre en su rostro blanquecino y friolento. yo seguí de largo y reconozco haberme reído de la situación.
veinte minutos después, llegó el tren, subí y, cuando me senté, en el asiento de enfrente estaba el tiqui como si viniera desde la estación anterior. miraba por la ventana un poquito abierta y su cabellera grácil apenas si se movía con el viento. yo estaba... estupefacto, que es una palabra que siempre me causó una impresión extraña al escribirla. me pasé todo el viaje en el absurdo de evitar mirarlo como si fuera a reconocerme o algo así hasta que me bajé en palermo sin poder parar de pensar en todo lo que había vivido o imaginado.
ahora, en casa, a punto de irme otra vez al anfiteatro de coronado donde seguro voy a cruzarme con el tiqui, de lo único que estoy seguro es que sólo estos episodios van a bastarme para incrementar, aún más, el misterio del tiqui. ese vicio de darle manija a la confusión de relatos inconexos que lo volvieron ya un protagonista estelar de la extraña mitología de la zona oeste del gran buenos aires.
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hoy, capítulo cuarenta y ocho de chico de country.
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21.4.06 

drogas
los fines de semana mario terminaba desconado. después del recital, llegaba a la casa con la mueca rota de vino tinto, faso y cualquier otra cosa que modificara su modo de ser. recién comienza con su banda, algo tarde, pero él tiene respuesta: tengo 25 y no me interesa llegar a la fama. mentira piadosa, claro.
cuando el suicidio se ponga de moda, vamos a librarnos de toda esta manga de idiotas, citaba en los pubs a sid vicious, pero hace un año tuvo una noche... ni siquiera pudo citar a su ídolo. no podía ni hablar. en la plaza se había bajado medio kilo de helado de limón con vodka y había quedado de cama. desconado, como dice él. igual, el recital fue lo de menos. terminó de cantar y tuvo su recompensa en auto prestado: morocha, flequillo estricto, aliento a cerveza, pollera corta, bombacha de elástico estirado, dientes todos, bondad absoluta.
así era mario. y el verbo se conjuga en pasado desde cuatro meses. casi un año después, la morocha de aquella noche lo llamó teléfono y le dijo: tenés un hijo de un mes y medio. pum... ambiente pomposo, falta de entendimiento, correr a la plaza, primero marihuana, luego cocaína y el abrazo de los pibes. un polvo loco... un polvo... repetía mario.
el tiempo le deparó contar su historia en el trabajo. ¿en qué andás, marito?, le preguntaron. acá, teniendo hijos, respondió. lo veían distante, preguntaron, tenía ganas de contar, contó y nadie sabía bien qué aconsejarle. él dijo que, después del adn, lo iba a reconocer y: mañana llevo al guacho a casa, lo voy a ver por primera vez.
al otro día, todos se lo preguntaron y mario era diferente: andaba necesitando cierto freno, viste. prefiero reconocer al pibe ahora y no después, cuando es más grande, de arrepentido, le parto la cabeza si le hago eso. lo voy a reconocer ahora porque yo lo tomo como una señal, qué se yo, el destino lo puso en mi camino para que me calme. estaba muy loco. ¿y cómo es el nene, marito?, le preguntamos. el guacho es hermoso... un osito, loco... no sé... por momentos pienso cada barbaridad... pero después lo veo ahí y no me importa nada... ese pibe es la mejor droga.
ayer mario tuvo recital en floresta. fue la madre del nene, con el nene y también la actual novia de mario, que tiene dos hijos de otra pareja y no precisó prospectos para entenderlo todo. en el último tema, mario pidió al nene y le habló a sus cuarenta o cincuenta fans.
-ustedes se drogan ¿no? yo también, loco, lautaro es mi nueva droga, las demás las dejé.
jamás lo aplaudieron tanto.
cuatro meses después haberse enterado, los planes de adn todavía están en veremos.

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hoy, capítulo treinta y seis de chico de country.
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24.2.06 

putas II.
el tiempo me acercó a las putas. bah, yo me acerqué a ellas en realidad. comencé a frecuentar algunas veces al año unos cabarets de la zona con mis amigos y la verdad es que se la pasaba (y todavía se la pasa) bien.
primero íbamos temprano. inexpertos en eso de los puteríos, llegabamos apenas pasada la medianoche y nos tomábamos tragos de pibes verdes. las putas deberían cagarse de risa de nosotros. de hecho, yo las veía y todo. pero las putas son buena gente. nos miraban con un rostro de comprensión, de voy a formar parte de esto.
como yo siempre fui muy conversador, hacía lo mismo con las putas. algunas se negaban, me decían que no les haga perder el tiempo, que me vaya a chamuyar a un boliche, no ahí. y otras se prendían. les gustaba que yo me dedicara a escribir, se reían cuando en un principio les decía eso y después decían que me creían por las cosas que les preguntaba. ahora, mientras recuerdo, es graciosa mi imagen de estar hablando en serio con la mina y que mientras tanto me estuviera toqueteando y yo a ella. el sexo es inevitable. es así. no se puede contra el sexo. pero sin embargo, yo no cogía. hablaba y hablaba y después las putas se iban a hacer guita con viejos panzones con olor a ajo. yo les decía así de envidia. me gustaba seguir hablando.
después, la repetición de las excursiones por diferentes cabarets nos dio experiencia y comenzamos a aletargar el horario de ingreso. pasadas las 4 o las 5 era mucho más conveniente: 1) mis amigos pagaban tarifas más bajas; 2) las putas ya habían hecho su guita y tenían más tiempo para charlar conmigo.
por esos tiempos conocí a jennifer. primero me reí de su nombre, le pregunté el verdadero, ella se rió y entendí que su nombre era jennifer. que el otro no le gustaba, que el otro tenía que ver con otra vida.
comenzamos a hablar como siempre y yo me daba cuenta de que a ella le gustaba responderme, que le gustaba que yo le contara de otras putas que había conocido... no me creía que yo no hubiera cogido nunca con una puta, pero después se reía de algún comentario que yo le hacía y seguíamos hablando. y así fue como me contó cómo se había vuelto puta. siempre lo cuento cuando hablan mal de las putas. no me gusta cuando hablan mal de las putas, por eso.
jennifer era adolescente, me contó, y salía con un tipo que tenía su esposa. ella no trabajaba. vivía con su familia y tenía flor de quilombo en la casa. de repente le cayó un pibe del cielo. quedó embarazada, se lo dijo al tipo que estaba con ella y el tipo le dijo que estaba contento, que qué bien, pero poco a poco fue desapareciendo y después le perdió el rastro por completo. después tuvo a martín y un poco por falta de guita y otro poco por despecho se puso a trabajar de puta.
cuando me lo contó no sabía qué decir y la abracé. hoy recordando aquel momento me siento ridículo y ni siquiera sé si era ella la que precisaba el abrazo por lo que me contaba o era yo el que lo precisaba. no sé, fue lo primero que me salió y jennifer, que era la primera vez que me veía, me abrazó también.
después me soltó y cuando la miré tenía una sonrisa rara. no entendí bien. no supe interpretarla. y de repente me preguntó si íbamos a pasar o no; porque jennifer era de las putas que conservaban la femineidad de decir pasar y no directamente coger. yo le dije que no. le mentí que no tenía más guita y ella me dijo que entonces se iba, que eran las seis de la mañana y que tenía que estar en la casa de su abuela antes de que se despertara martín.

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hoy, capítulo dieciocho de chico de country.
además, hoy, como es viernes, les recomiendo otro tema de aura. esta vez, pie izquierdo. bajátelo acá.

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10.2.06 

putas I. tenés que venir, me insistían. yo tenía 16 y la verdad que no. no quería debutar con una puta. ojo, no por puritano, eh, pero juro que en ese momento prefería masturbarme toda la noche pensando en sofi que debutar con una puta de tetas así de grandes.
además, detestaba aquel aire de tío copado con el que me lo decían los padres de mis dos mejores amigos. sonaba a los papás colgados del alambrado gritándole a los pibes lo que tenían que hacer dentro de la cancha de fútbol. no me gustaba. los odié cuando me invitaron a debutar luego de que mis amigos ya me lo hubieran preguntado y se hubieran llevado la misma respuesta: no.
pero mirá que las putas sacan presión, uno aprende... intentaron convencerme. la verdad que los tipos me querían, me quieren todavía porque los sigo viendo, pero no era la forma. se parecía mucho más a una excursión de ellos que a una invitación; como cuando mi vieja me llevaba al circo porque a ella le gustaba y yo lo odiaba.
yo todavía prefería lo platónico. aquella vieja costumbre que ya dejé de lado: creer en el amor incondicional y eterno, confundir amor con obsesión, estar con sofi las 24 horas o inventarle horas al día por más que no pudiera ni siquiera tocarle un pelo, por más que conserváramos por miedo aquella amistad mentirosa.
pero no. querían que yo vaya. los pibes ya me lo habían pedido todos juntos y me costó decirles que no. no tanto por el momento, sino porque después yo sería el único que no conocía aquello. pero me chocaban los padres diciéndomelo como si: dale, pibe, ya es hora de que comas un buen pedazo de carne.
finalmente, fui rotundo: no. no fui, no cogí, luego me contaron, me reí con mis amigos y nada fue tan traumático. seguí con la masturbación y poco después pateamos el tablero con sofi y se nos ocurrió hacerlo sin arreglarlo antes. sin previo aviso ni nada. de repente. improvisando como si nada.

tiempo después, mis amigos todavía me seguían gastando con eso de ser de virgo porque yo no contaba nada y no estaba con otra chica que no fuera sofi.
habíamos decidido mantener en secreto todo. al fin y al cabo, éramos amigos.
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hoy, capítulo trece de chico de country.

hoy, también, y por el mismo precio, hacé click acá y descargate en un toque el tema "la mecha" de aura. es un tema altamente recomendable para escuchar este fin de semana. i will rock you.

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3.2.06 

pum, pum, pum... cuatro y media entramos. ¡cuatro y media!. pregunto la hora en la puerta al de seguridad que parece del fbi con ese microfonito que habla con sus compañeros trajeados y también muy seguros de que todo será seguro esa noche.
el pum, pum, pum, no se detiene. esta noche toca hernán cattáneo, quien para mí era apenas un tal, el maradona de los djs argentinos, me había dicho uno de los chicos para convencerme de ir. es más: ya está tocando cattáneo. el pum, pum, pum, es cattáneo. la gente salta, un espécimen con anteojos gigantes me pasa por al lado, muy transpirado, bebiendo agua, sacando trompita y agitando la cabeza al ritmo incansable del pum, pum, pum que se parece a la respiración de un tipo agitado, a la respiración de toda la gente que colmó el lugar, que salta y salta y salta, que mira sin ver, que pide agua, pastillas, agua... ¿agua dije? siete pesos un agua. nunca tan cara el agua ¡más que un fernet!. el agua rejuvenecedora de cocoon debe ser, no sé.
varios de mis amigos navegan en la masa saltarina como peces en el agua, rulo me pasa un tic-tac. ya lo teníamos pensado: iban a pensar que eran pastillas, 007 o alguna de esas que, según escuché, están de moda ahora con nombres de fantasía. se nos acercan en total cinco personas pidiéndonos pastillas, nosotros nos reímos y al ritmo del pum, pum, pum seguimos bailando como si no estuviéramos allí. desistieron y se fueron.
a la hora, voy a la barra. saco un whisky. johnny walker, pido, etiqueta negra, le aclaro, y el barman me mira con la cara de quien se sorprende ante el pedido. abre la botella, sirve en un vaso de plástico una medida tacaña. le pido vaso de vidrio y que tenga conciencia de que está frente a un verdadero borracho. cambia el vaso y agrega el chorrito bonachón de wisconsin, como le decimos con los chicos.
vuelvo a la pista con mi vaso, revolviéndolo a muñecazos, miro a mi alrededor, nadie toma, nadie mira, todos agitan cabeza, mueven el culo, el pum, pum, pum, y en una pantalla gigante cattáneo se manda un willy, o su símil en una consola, y la gente delira. nadie sabe qué hizo. una triquiñuela de dj maradoniano. ¡golazo, hernancito!, qué se yo...
los hombres y las mujeres no se hablan. el 90% estamos drogados, es cierto. yo, con mi cigarrillo de marihuana, me siento un boludo con pistola de agua en plena guerra química. todo es entendible ¿pero acá nadie coge?, pensé. pero claro que sí, que se coge. se coge y mucho, y en grupos. en aquel rincón una chica disfruta de dos hombres, se besa con uno, el otro la toca y cambio, deliciosa viceversa y yo voyeur; voyeur porque no creo que los demás estén viendo. de eso se trata un poco. de eso oficio. no como antes que me creía esa historia del soy escritor y yo sólo leo, no voy a este tipo de lugares. ahora experimento, busco material para escribir, espío, me infiltro... algo así.
hombres y mujeres casi no se hablan. parece un coqueteo indígena de baile sexy, un agite de cuerpos cercanos, miradas profundas, o no; detrás de los lentes quién sabe qué suceda. animales salvajes... porque este baile se parece mucho a algo hermoso y primitivo, uca chaca y pum, pum, pum, y los cuerpos transpirados se acercan. yo aguanto más que vos bailando acá y en la cama. no, yo aguanto más. y de repente el beso, sin palabras, como animales, sin preguntarse nada. me choca, me llama la atención y me deja pensando unos segundos y después todo me parece una fiesta de libertad, de no me importa nada, de yo hago lo que quiero con quien quiero y después vemos, cuando estemos sobrios, vemos. era eso o un delirio que logré por el porro, pero parecía eso. terminó gustándome aquella cosa de la libertad hombre-mujer sin diálogo ni nada.
alrededor de las ocho y media la música se detiene por tercera vez, se ve que hernancito tiene sus bises y todo y la gente deliró ya cientos de veces. el tipo deja de tocar, la gente lo ovaciona, sale de la cabina y con mis amigos nos miramos con el rostro de: no da para hacerlo todos los fines de semana, pero no estuvo nada mal. entonces comenzamos a salir todos concientes de que saltar toda la noche es para guapos o drogados, pero da igual porque las piernas duelen muchísimo. uno de los chicos, no recuerdo quien, me comenta en el camino que vio un flaco al que se le había metido en el ojo el cartón del ácido y que no se lo podía sacar. dijo que le había dado asco, pero que el pibe bailaba como si nada con el cosito verde ahí, metido en el ojo. pestañeando y todo el muy hijo de puta, dijo lucho.
los tipos trajeados del fbi siguen firmes y yo los saludo mientras salgo. me gusta saludarlos. se sienten granaderos los tipos y yo siento como medio irónico saludarlos. apestan. los odio. pero ya no me importa tanto porque estoy arriba del auto con la ventana abierta y el viento me pega en la cara mientras vuelvo a casa con los ojos cerrados.
al rato escucho que el rulo dice que me dormí, que no me da la nasta para estas cosas, que lo mío son los libros, dice. y entonces, sin abrir los ojos y con el pum, pum, pum todavía latiéndome en la cabeza, le contesto: nasta es lo que me sobra, gil.
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último momento: aquí reconocen el esfuerzo de voyeur. se agradece, claro.
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26.1.06 

otra entrevista. alguien había acercado mi currículum porque precisaban un productor de noticias. el tipo me apretó la mano fuerte y me dijo su nombre con voz de macho. se dio vuelta y se fue. yo me quedé parado ahí sin hacer nada. y a lo lejos me gritó: seguime, flaco. me siento en su despacho, me dice que el sueldo es bueno, que se trabaja seis días a la semana, ocho horas por día. así lo había dicho.

-te hacemos una prueba ahora mismo.

-no, pará. quiero saber cuánto voy a ganar.
-ah, son mil, mil cien pesos -yo ya no quería saber nada de nada y el tipo se dio cuenta.
-lo que pasa es que donde estoy gano mucho más –quise justificarle.
-bueno, pero si vos no tenés pasión para el periodismo...
-no me refiero a eso...
-no –me interrumpió-. es evidente que no tenés pasión.
-lo que pasa es que vengo trabajando por la pasión desde primer año de la facultad y desde hace un tiempo decidí trabajar por plata.
-el sueldo es innegociable.
-mi posición también.
-¿sabés qué? no hagas ninguna prueba, dejá. cualquier cosa te llamo.
-no... ¿sabés qué...? no me llames -me levanté y me fui.

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capítulo ocho de chico de country.

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3.9.04 

Entrevista de trabajo ¿Primera parte?

Todo transcurrió hoy, viernes 3 de agosto. Con voz de dormido, a las 10.30, atendí el teléfono. Llamando de una de las empresas a donde fue a parar mi miserable currículum. Entrevista. 14.30. Pensaba: ¿Justo hoy? ¡La puta madre!. Dije: Okey, no hay problema. A esa hora estoy ahí.

¿Cómo viajo hasta Martinez desde mis pagos?, me preguntaba constantemente, mientras mi abuela me decía que no me ponga nervioso cuando la nerviosa era ella. Yo lo que tengo es sueño, vieja, le decía a cada rato. Un llamado bastó: un colectivo a dos cuadras de casa me deja a dos cuadras de la empresa. Una hora y cuarto de viaje y El informe de Brodie rendido, sabía que lo terminaría. ¡Bingo!, hubieran dicho en una peli yanqui.

Llegué. La empresa es realmente grande. Ocupa mucho espacio al menos. Mucha reja, mucho blanco, mucha seguridad, por dentro parece el Pentágono, pero es una empresa de atención al cliente. Primer piso, a la derecha. Te recibe un cuadro aparentemente caro pintado con el nombre de la empresa, pero sin firma de algún autor -seguro no era de Picasso. Un seguridad de bigote hijodepú dice: Buenas tardes, y me abre la puerta con una tarjetita. ¡Mierda!, pensé como un campechano.

Hola, soy Julieta Piripipí, bla, bla, bla (léase con voz de Homero). Ta fuerte la guacha, pensé, pero creo que no la logré enamorar con mi traje negro y mi camisa lila (bien bala, seh). Me hizo preguntas, experiecia laboral, por qué viniste a esta empresa, más blablablá, y yo pensaba en preguntarle una única cosa: ¿cuánto pagan acá, rubita tetona?, pero no. Esperé y ella solita me dijo el monto. Te montan. Ganás poco, pero trabajás seis horas cinco días a la semana. Bastante. Después, me tocó la prueba más compleja: Tenés que dibujar en este papel un hombre bajo la lluvia, me dijo. Tomé el lápiz y de toque hice el dibu. Con paraguas y con piso, porque dicen que eso es lo fundamental. Muy bien, Matías, si quedás seleccionado, seguimos en contacto para la segunda entrevista. Bueno, muchas gracias, le dije con una sonrisa.

Salí ¡¡¡y había un piquete en la puerta de la empresa!!!. Los empleados se manifestaban a todo bombo y puteadas para el dueño de la empresa que, para variar, decían, es un tránfuga. Yo, con jeta de póquer, salí, me hicieron un chiste de poca gracia (¡apa! ¡un aristocrático de corbatita!), me sonreí, respondí con una ironía tajante (ah, ¿vos sos el de la revolución de los sin corbata?), se rieron algunos, me dieron un panfleto, lo agarré para luego leerlo y, después de avisarles que sólo salía de una entrevista de trabajo (tal vez me habían confundido con un tipo de poder o algo así por el traje), los saludé. El que me hizo el chiste me gritó: Ojalá en un mes estés manifestándote con nosotros acá, che. Giré, le dediqué una sonrisa y comencé a enterarme algunas cosas del lugar de donde había salido vía panfletito sindicalista.

NOTA: Si llaman, habrá segunda parte. El título delata que me tengo fe.

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