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borges pop
una tendencia casi constante en la literatura argentina es denominar al escritor jorge luis borges como "elitista". sin embargo, otro autor argentino, alan pauls, quien escribió el factor borges (ensayo), refutó la etiqueta en
esta entrevista que le hizo el diario el mercurio, de chile.
-(...) Yo rechazo toda oposición entre vida y cultura, que es algo que todavía persiste en nuestro medio. Para mí nunca es vida o literatura, vida o cine; siempre es y.
-Pero el arte implica una suspensión del tiempo.
-En un sentido sí, porque rompe la normalidad cotidiana, pero al mismo tiempo abre ventanas. Creo que definitivamente hay que dejar de pensar la experiencia artística como algo negativo; eso de que ir a un museo es algo que uno le quita a la vida para dárselo al arte. Yo lo veo como un continuo. Y para mí el cine, te decía, es la primera experiencia del continuo. Es abrir en el corazón de la vida cotidiana una especie de dimensión nueva, suplementaria, un extra. Por eso el libro que escribí sobre Borges está orientado a refutar la tesis de que Borges, al ser un ratón de biblioteca, había dejado de vivir. Para mí la idea es inversa: Borges, siendo un ratón de biblioteca, vivió. O mejor: inventó un modo de vivir.
-Dices que Borges también es un tipo más pop de lo que se piensa. ¿No hay oposición entre el erudito y el divulgador?
-Claro que no la hay. Para mí los grandes artistas son aquellos que demuelen ciertas visiones que parecen imprescindibles para pensar el arte. Ahí entra Duchamp y, desde luego, Borges. Quiero decir que lo que hay es dialéctica -sé que es una palabra pasada de moda- pero nunca oposición. La tensión entre erudición y divulgación es muy clara en el caso de Borges, quien estaba interesado en hacer pasar la literatura de un lugar muy exclusivo a uno democrático o masivo. Si repasas su carrera profesional verás que siempre intervino en el campo del periodismo, que Borges fue el responsable del suplemento cultural del diario Crítica, el más popular de la Argentina en los años 30 y 40, que Borges siempre se preocupó por editar antologías y compilaciones de géneros o de tipos de literatura absolutamente populares, como el policial. O sea que con Borges hay un malentendido total.

(...)

también
les dejo este link para ver la cantidad de notas de la revista científica nature que citan ideas innovadoras de los textos de jorge luis borges. (los textos son en inglés y el dato fue extraído del blog ensayo y error, de clarín.com, su autora es valeria román).


además, para los que quieran saber quién es alan pauls les dejo ese extraño señor alan pauls, por roberto bolaño y el comienzo de una de las mejores novelas que leí en los últimos años: el pasado, de alan pauls (ganadora del premio herralde 2003 - anagrama).


Rímini estaba duchándose cuando sonó el portero eléctrico. Salió cubierto con una toalla de manos -la única que encontró en ese bazar de perfumes, gorras de plástico, cremas, sales, aceites, remedios y masajeadores en el que Vera había convertido el baño- y un reguero de gotas obedientes lo siguió hasta la cocina. «Correo», oyó que le decían entre dos rugidos de camiones. Rímini pidió que le pasaran la carta por debajo de la puerta y de golpe, como si la sombra de un intruso lo sorprendiera en una habitación que creía desierta, se vio desnudo, temblando, en la hoja vidriada de una puerta que un golpe de viento acababa de abrir. La clásica estampa de la contrariedad: trivial, eficaz, demasiado deliberada. Las volutas de vapor que venían flotando desde el baño -había dejado la ducha corriendo con la idea de que así abreviaría la interrupción- le provocaron algo parecido a una náusea. «Tiene que firmar», le gritaron por el portero eléctrico. Rímini, bufando, apretó la tecla y abrió, y vio impávido cómo el paisaje de su dicha se resquebrajaba entero.
La mañana en casa, la felicidad del rayo de sol que había estado acariciándole la cara mientras se duchaba, esa disponibilidad nueva, como de primer día de viaje, que sentía cuando despertaba y descubría que estaba solo y sus primeros movimientos, torpes y jóvenes, hacían crujir el silencio de toda una noche, la beligerancia vital, un poco ingenua, que solían dejarle las largas noches de amor con Vera -todo se desmoronaba. Aunque tal vez... Rímini escondió el auricular en la palma de la mano y permaneció unos segundos inmóvil, un poco encorvado contra la mesada, como tratando de volverse invisible. Pero el portero volvió a sonar y casi sin ruido, como en una película muda, los últimos cristales de su euforia matinal terminaron de astillarse. Rímini, que nada detestaba tanto como la forma en que el mundo, a veces, se ponía a calcar sus contrariedades privadas, esta vez no se sintió plagiado. Estaba en peligro. Ya no era víctima de una glosa sino de un complot. Pero se resignó y atendió igual, y mientras se miraba los pies -unos pies de gigante, alrededor de los cuales crecían dos minúsculos océanos humanos- alcanzó a oír lo que desde el principio había temido que le dijeran: la puerta de calle estaba cerrada con llave.






ya somos 500.000 y tenemos que llegar al millón...

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