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lugares comunes
hace poco me preguntaron qué es lo que hay que hacer para escribir bien y además de desconcertarme con la pregunta, me quedé pensando. en el momento, como me sucede siempre, no supe bien qué responder e hice una enumeración algo estúpida de errores mínimos que se podrían corregir muy fácil. pero luego pensé en que los verdaderos errores de quien pretenda escribir y dedicarse a eso o a vivir de eso tienen que ver con la insistencia en los lugares comunes de la literatura.
hace poco leí un texto en el que sucedían una serie de cosas en un bar, no importa qué era lo que sucedía. recuerdo que pensé: ya han pasado demasiadas cosas en un bar. un cafecito de ocasión, vaya y pase, pero ¿hace falta solucionar el mundo en un bar? ¿hace falta la apología del bar de la esquina? creo que no. y algunos podrán decirme que no es apología, que es defensa de un espacio valioso. okey, marchen todos con pancartas detrás de sabina, dolina y fontanarrosa que sí han sabido defender los bares. pero, por favor, les pido que no escriban más sucesos sensacionales en los bares. ya se han escrito demasiados y muy buenos como para descubrir alguno nuevo que valga la pena.
de este ejemplo, puedo ramificar en la clonación, ya incansable, de los modos de rayuela. ya hubo tantas parejas parecidas a la de esta novela y tantos hombres interesados en el jazz y tantos cds dejados en el bidet, tanta bohemia estilista... ya basta, señores y señoras de la pluma. ya es suficiente. debería ser suficiente cuando en su adolescencia imitamos, como si aquel libro genial fuera la biblia real, las actitudes de los protagonistas. ya está. fue divertido. listo. ahora crecimos algo, nos dieron las llaves de casa y podemos volver tarde. podemos, eso sucede ahora: po-de-mos.
y como ahora podemos. incluyo en la bolsa de esta especie de reclamo infantiloide (porque yo también crecí) esa vieja usanza de víbora. esa tendencia hacia el enrosque de una frase que podría ser de otra forma mucho más simple. el fundamentalismo por la búsqueda de las palabras "justas" en el libro de sinónimos o, les creo, en su propio cerebro de eruditos. ¡no, señores! ¡de ninguna manera! les juro por los cronopios del gran cortázar, por el bastón del viejo borges, por el banco de polonia que albergó a gombrowicz, por los locos de arlt, por los pichis de fogwill y las conchas de lamborghini que no es necesario empecinarse en escribir adjetivos "nuevos".
¿a qué quiero llegar con esto? a que si a la gorda de la vuelta la atropelló el camión del frigorífico, lo mejor sería escribir que a la gorda de la vuelta la atropelló el camión del frigorífico.

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anuncio importante: desde el mes que viene, todos los primeros martes de cada mes voy a regalarles un libro. con el tiempo les voy a ir adelantando más, pero por ahora eso: voyeur, una vez al mes, regala un libro.
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voyeur

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