10.2.08 

el oficio de ser crítico
el perseguidor, estupendo y archi recomendado cuento del escritor argentino julio cortázar, desde siempre ha sido señalado como una especie de ventana a la vida del artista perturbado, particularmente dirigido al saxofonista de jazz charlie parker; incluso en la solapa de las armas secretas, que es el libro que contiene el relato, lo describe como "un examen sagaz, apasionado y alucinante de la conciencia creadora del artista". okey, estamos de acuerdo, pero además el texto describe el oficio de ser crítico en estos párrafos que seleccioné:

Soy un crítico de jazz lo bastante sensible como para comprender mis limitaciones, y me doy cuenta de que lo que estoy pensando está por debajo del plano donde el pobre Johnny trata de avanzar con sus frases truncadas, sus suspiros, sus súbitas rabias y sus llantos. A él le importa un bledo que yo lo crea genial, y nunca se ha envanecido de que su música esté mucho más allá de la que tocan sus compañeros. Pienso melancólicamente que él está al principio de su saxo mientras yo vivo obligado a conformarme con el final. Él es la boca y yo la oreja, por no decir que él es la boca y yo... Todo crítico, ay, es el triste final de algo que empezó como sabor, como delicia de morder y mascar. Y la boca se mueve otra vez, golosamente la gran lengua de Johnny recoge un chorrito de saliva de los labios. Las manos hacen un dibujo en el aire.
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Como es natural mañana escribiré para Jazz Hot una crónica del concierto de esta noche. Pero aquí, con esta taquigrafía garabateada sobre una rodilla en los intervalos, no siento el menor deseo de hablar como crítico, es decir de sancionar comparativamente. Sé muy bien que para mí Johnny ha dejado de ser un jazzman y que su genio musical es como una fachada, algo que todo el mundo puede llegar a comprender y admirar pero que encubre otra cosa, y esa otra cosa es lo único que debería importarme, quizá porque es lo único que verdaderamente le importa a Johnny.
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Me ha empezado a inquietar la cara de Johnny, su excitación. Cada vez resulta más difícil hacerlo hablar de jazz, de sus recuerdos, de sus planes, traerlo a la realidad. (A la realidad; apenas lo escribo me da asco. Johnny tiene razón, la realidad no puede ser esto, no es posible que ser crítico de jazz sea la realidad, porque entonces hay alguien que nos está tomando el pelo. Pero al mismo tiempo a Johnny no se le puede seguir así la corriente porque vamos a acabar todos locos.)
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Yo que me he pasado la vida admirando a los genios, a los Picasso, a los Einstein, a toda la santa lista que cualquiera puede fabricar en un minuto (y Ghandi, y Chaplin, y Stravinsky), estoy dispuesto como cualquiera a admitir que esos fenómenos andan por las nubes, y que con ellos no hay que extrañarse de nada. Son diferentes, no hay vuelta que darle.
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Lo malo es que si sigo así voy a acabar escribiendo más sobre mí mismo que sobre Johnny. Empiezo a parecerme a un evangelista y no me hace ninguna gracia.
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Pasarán quince días vacíos; montones de trabajo, artículos periodísticos, visitas aquí y allá -un buen resumen de la vida de un crítico, ese hombre que sólo puede vivir de prestado, de las novedades y las decisiones ajenas. Hablando de lo cual una noche estaremos Tica, Baby Lennox y yo en el Café de Flore, tarareando muy contentos Out of nowhere y comentando un solo de piano de Billy Taylor que a los tres nos parece bueno, y sobre todo a Baby Lennox que además se ha vestido a la moda de Saint Germain-des-Prés y hay que ver cómo le queda. Baby verá aparecer a Johnny con el arrobamiento de sus veinte años, y Johnny la mirará sin verla y seguirá de largo, hasta sentarse solo en otra mesa, completamente borracho o dormido. Sentiré la mano de Tica en la rodilla.
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No me voy a poner a decirle que su edad mental no le permite comprender que ese inocente juego de palabras encubre un sistema de ideas bastante profundo (a Leonard Feather le pareció exactísimo cuando se lo expliqué en Nueva York) y que el paraerotismo del jazz evoluciona desde tiempos del washboard, etc. Es lo de siempre, de pronto me alegra poder pensar que los críticos son mucho más necesarios de lo que yo mismo estoy dispuesto a reconocer (en privado, en esto que escribo) porque los creadores, desde el inventor de la música hasta Johnny pasando por toda la condenada serie, son incapaces de extraer las consecuencias dialécticas de su obra, postular los fundamentos y la trascendencia de lo que están escribiendo o improvisando. Tendría que recordar esto en los momentos de depresión en que me da lástima no ser nada más que un crítico.

les dejo el cuento para que lo lean (o lo relean) pero principalmente para puedan continuar con las definiciones del oficio de ser crítico con el último párrafo de el perseguidor.



también
la crítica de las armas secretas redactada por el escritor y gran cuentista argentino abelardo castillo.

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3.4.07 

cortázar del '77
lo que sigue es un fragmento de una gran entrevista a julio.
en la primera parte, relata el comienzo de su contacto con lo fantástico y, en la segunda, su relación con las ideas y lo real.





para los que estén dispuestos a leer la mejor entrevista que le hayan hecho al escritor argentino, en esta charla cortázar, en pleno exilio por la dictadura argentina, cuenta:

-por qué no publicó antes. su autoexigencia.
-la relación entre su cuento casa tomada (de bestiario) y el peronismo.
-su padecimiento físico al escribir el final de rayuela.
-la relación entre el perseguidor (de las armas secretas) y rayuela.
-sus novelas quemadas.
-¿cómo nacieron los cronopios?
-la utilidad económico-política del libro de manuel.
entonces, para los que tengan ganas de pasar 2 horas de fascinante literatura, la entrevista completa está acá. llenen el termo, preparen el mate y disfruten. dura dos horas.
voyeur

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27.11.06 

julio
les dejo un fragmento de un docuemental interesante sobre
cortázar dirigido por el argentino tristán bauer. este es el segundo de nueve capítulos que se pueden ver en youtube.

voyeur

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19.4.06 

lugares comunes
hace poco me preguntaron qué es lo que hay que hacer para escribir bien y además de desconcertarme con la pregunta, me quedé pensando. en el momento, como me sucede siempre, no supe bien qué responder e hice una enumeración algo estúpida de errores mínimos que se podrían corregir muy fácil. pero luego pensé en que los verdaderos errores de quien pretenda escribir y dedicarse a eso o a vivir de eso tienen que ver con la insistencia en los lugares comunes de la literatura.
hace poco leí un texto en el que sucedían una serie de cosas en un bar, no importa qué era lo que sucedía. recuerdo que pensé: ya han pasado demasiadas cosas en un bar. un cafecito de ocasión, vaya y pase, pero ¿hace falta solucionar el mundo en un bar? ¿hace falta la apología del bar de la esquina? creo que no. y algunos podrán decirme que no es apología, que es defensa de un espacio valioso. okey, marchen todos con pancartas detrás de sabina, dolina y fontanarrosa que sí han sabido defender los bares. pero, por favor, les pido que no escriban más sucesos sensacionales en los bares. ya se han escrito demasiados y muy buenos como para descubrir alguno nuevo que valga la pena.
de este ejemplo, puedo ramificar en la clonación, ya incansable, de los modos de rayuela. ya hubo tantas parejas parecidas a la de esta novela y tantos hombres interesados en el jazz y tantos cds dejados en el bidet, tanta bohemia estilista... ya basta, señores y señoras de la pluma. ya es suficiente. debería ser suficiente cuando en su adolescencia imitamos, como si aquel libro genial fuera la biblia real, las actitudes de los protagonistas. ya está. fue divertido. listo. ahora crecimos algo, nos dieron las llaves de casa y podemos volver tarde. podemos, eso sucede ahora: po-de-mos.
y como ahora podemos. incluyo en la bolsa de esta especie de reclamo infantiloide (porque yo también crecí) esa vieja usanza de víbora. esa tendencia hacia el enrosque de una frase que podría ser de otra forma mucho más simple. el fundamentalismo por la búsqueda de las palabras "justas" en el libro de sinónimos o, les creo, en su propio cerebro de eruditos. ¡no, señores! ¡de ninguna manera! les juro por los cronopios del gran cortázar, por el bastón del viejo borges, por el banco de polonia que albergó a gombrowicz, por los locos de arlt, por los pichis de fogwill y las conchas de lamborghini que no es necesario empecinarse en escribir adjetivos "nuevos".
¿a qué quiero llegar con esto? a que si a la gorda de la vuelta la atropelló el camión del frigorífico, lo mejor sería escribir que a la gorda de la vuelta la atropelló el camión del frigorífico.

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anuncio importante: desde el mes que viene, todos los primeros martes de cada mes voy a regalarles un libro. con el tiempo les voy a ir adelantando más, pero por ahora eso: voyeur, una vez al mes, regala un libro.
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voyeur

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¿quién soy?

  • un tipo que escribe lo que su miopí­a galopante le permite ver.
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