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la demora del mate
-dale, negro paraguayo, que no es chipá, le dijo pablito a oscar para que apurara el mate. oscar parecía pensativo, se olvidaba del mate y se quedaba mirando la nada. -sí, negro, la siguió nacho, si querés un micrófono te presto ésta. y el negro chupó fuerte la bombilla como cuando te pegan en el paladar esas partículas pequeñitas de yerba.
pablo contó que el tano había tenido un hijo y yo, que asocio todo con todo, puse voz de locutor y le pregunté al negro oscar: -hablando de nacimiento, señor negro ¿vos donde naciste, yaguareté, ah?. y el negro me dijo que en villa rica. entonces, nacho le preguntó cómo era su ciudad natal. -yo qué se cómo era villa rica. no me acuerdo nada, vine de muy chiquito. pablo lo miró fijo, yo le dije que no podía no saber, que al menos buscara en internet y nacho lo mató: -¿y qué querés que se acuerde si este negro paraguayo se falopea desde los cinco años?. nos reímos los cuatro a carcajadas.
después salió el tema de lona. se impuso en la conversación por una especie de empecinamiento del aburrimiento que proponían los vigilantes con crema pastelera, la negra saltando de acá para allá, moviendo la cola como un parabrisas, y el hastío de domingo. -todo esto me recuerda a lona, dijo pablo de la nada. sin preámbulos, recomenzó la descripción por enésima vez en las últimas cuatro semanas: -esa boca con gingivitis, ay, su torrencial cabello de obrero, ese aroma entre chivo y catinga que emanaba de sus sobacos peludetes y, por sobre todas las cosas, su reiterada tanga lila. desmenuzamos a lona cruelmente, asco a asco, y cuando ya nos habíamos aburrido también de esa delicia de hablar mal de cualquiera que no fuéramos nosotros... -yo salí cuatro veces y me la cogí dos, la última vez fue la semana pasada. así nomás lo dijo el negro, como si se le hubiera caído del bolsillo en uno de sus sorbos al mate más lavado de la zona oeste.
se reía durante el silencio. -¡qué negro hijo de puta!, gritamos todos a destiempo, como si hiciera falta repetirlo las tres veces. la había hecho de cayetano. y el negro, también como si hiciera más falta, reconoció: -sí, soy un hijo de puta, y se rió como se ríe él.
cuando volví a casa, ya era lunes a la madrugada, dos y pico. el frío me mantenía preocupado en el intento de sacarme las medias dentro de la cama con los dedos de los pies, utilizando el dedo gordo como palanca. fue en ese momento cuando tuve la duda de que al negro tal vez le gustara realmente lona y me dio lástima por todo lo que dijimos de ella. era por eso que demoraba el mate, pensé y después me dormí convencido de que llegaría tarde al trabajo.
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hoy, lunes 10 de julio, capítulo cuarenta y nueve de chico de country.
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