desencuentro (II). nunca más. nunca más daría el brazo a torcer. aquella posición femenina no se perdería otra vez. ¿quién la iría a esperar a ella? ¿quién? nadie. ¿generar dudas para qué?. o voy o no voy, se decía. qué pelotuda, insistía.
había ido, tarde, porque tampoco es cuestión de estar demasiado pendiente, de regalarse. fue a las diez y media, después de cenar, tranquila, vestida como de casualidad, como si se hubiera tropezado con las prendas. fue y tocó. y esperó respuesta arreglándose el flequillo. un rato, un minuto, qué se yo, le comentó a su amiga. había sido menos, claro. pero para ella fue un minuto y punto.
se fue fingiendo el como si nada. paró a comprar cigarrillos en un kiosco de la misma cuadra, miró atrás y nada. otra vez nada.
al otro día, él la llamó y le preguntó si al final había ido. ella dijo que no, que se había quedado dormida. estoy con mucho laburo, se justificó. él le dijo que menos mal, que se había olvidado y había salido.
había ido, tarde, porque tampoco es cuestión de estar demasiado pendiente, de regalarse. fue a las diez y media, después de cenar, tranquila, vestida como de casualidad, como si se hubiera tropezado con las prendas. fue y tocó. y esperó respuesta arreglándose el flequillo. un rato, un minuto, qué se yo, le comentó a su amiga. había sido menos, claro. pero para ella fue un minuto y punto.
se fue fingiendo el como si nada. paró a comprar cigarrillos en un kiosco de la misma cuadra, miró atrás y nada. otra vez nada.
al otro día, él la llamó y le preguntó si al final había ido. ella dijo que no, que se había quedado dormida. estoy con mucho laburo, se justificó. él le dijo que menos mal, que se había olvidado y había salido.
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