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¿qué escribir? (final)
cuando el guionista leyó el estatuto de leyes para la escritura le pareció que su vida estaba resuelta. lo primero que sintió fue que tenía la clave, las leyes para alcanzar la perfección escrita.
lo había encontrado en la plaza de los literatos. allí estaba el estatuto. imponente, en una placa dorada, y ninguna firma adjudicaba el estatuto a algún autor. a su lado, un adolescente también observaba la placa; el guionista lo había percibido vaya a saber por qué razón, pero ni precisó observarlo: llevaba una barba tres días, una vestimenta avejentada, el cabello sucio, una mochila de marca desconocida y para saber eso tampoco había precisado echarle un vistazo.
el guionista tomó nota en su ya clásico anotador anillado. escribió punto por punto, mientras el adolescente examinaba la placa: se acercó y la tocó con su mano derecha; recorría las letras imprenta minúscula una a una, parecía azorado.
cuando terminó de tomar nota, se quedó contemplando el brillo del sol en el mármol en que estaba la placa; un mármol italiano, brilloso, un lujo combinado con la bondad del sol de invierno. se alejó para observarlo mejor, pero delante suyo apareció el adolescente con un aerosol en su mano derecha. todavía hoy el guionista se pregunta por qué no lo detuvo, qué extraña sensación de quietud obligatoria o respeto inmediato por el joven lo invadió en ese instante.
el adolescente, sin disimular, se acercó a la placa y le escribió en rojo PUTOS con imprenta mayúscula. luego salió corriendo.
el guionista tomó nota otra vez y pensó en los hombres del cine. conjeturó convencido que ambas cosas estaban relacionadas, que eran una secta o algún grupo organizado, que no temían a la extravagancia y que eran gente valiente. también pensó que todo aquello también podría ser una forma de nueva literatura o revolución.
ya sabía qué escribir. ahora le faltaba saber cómo hacerlo.

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