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en remojo
cortó y lo había hecho otra vez. sabía cómo hacerlo. facundo tenía la seguridad de los que la saben lunga, la seguridad de los que no han sido cortados por la misma tijera.
estoy ocupado, después te llamo, dijo y cortó. la tiene clara, no hay nada que hacer, dicen sus amigos cuando él atiende el celular y habla de esa manera tan... así. muestra un mensaje de texto: sos como un vicio, dice el aparato, y los amigos estallan: ¡qué hijo de puta!. él dice que son rachas, que hay que saber aprovecharlas; modestia, siempre falsa. sin embargo, sabe que hace un tiempo entendió la estrategia.
se la confesó una tardenoche de domingo, en el entretiempo de river-huracán a un amigo desesperado que no permitía escuchar quién entraba para remontar el partido en el segundo tiempo: hay que dejarlas en remojo, le dijo ante la insistencia del cómo hacer. el amigo estaba empecinado con una señorita y había insistido todo el primer tiempo.
dejarlas en remojo... aquella frase no tenía nada que le sobrara. las palabras justas. todo eso pensado luego de la primera vez en que se dio cuenta de la efectividad de la pausa, de la retención del deseo desenfrenado de poseer a cualquier mujer cuanto antes como si la vida se acabara a la vuelta de la esquina.
ahora no. la vida se sigue acabando a la vuelta de la esquina pero es preferible tener todo planeado. a la distancia, el trato es de distancia. no hay llamados telefónicos afectuosos. la distancia es eso: distancia. y en persona, otra cosa. un caballero, un romántico, el cómo te extrañé en su máxima expresión. en cuanto a las citas, en algunos casos se puede y en otros no. no siempre se está disponible, eso aumenta el misterio. misterio, anota mentalmente su amigo.
es así. facundo podría escribir un libro y al menos sus amigos lo comprarían porque a veces no les alcanza con los consejos de los domingos y tenerlo todo en papel muchas veces puede ser una ayuda justa. el machismo lo aplaudiría a rabiar, movimientos feministas se manifestarían en la puerta hasta que él saliera de la presentación en la feria del libro y, micrófono en mano, diga: cuando termine de firmar autógrafos, me gustaría debatir esto con ustedes. después de todo, las mujeres son las musas de mi libro.
pero nada de eso va a suceder porque facundo, facu, metió la pata. después de seis años, repito: seis años, de racha positiva, facundo espera en el living de su casa a que le llegue un llamado. el llamado. hace cuatro días que conoció a marianela en un after office de renombre, la besó y no pudo avanzar más. intercambió teléfonos, correos electrónicos y todavía nada, ni un e-mail que lleve un buenas por asunto.
así anda facundo. en la ardua tarea de su viceversa, esperando que suene el teléfono. y cuando suceda, con el ego recuperado, va a dejar que atienda el contestador. lo que todavía no imaginó es que marianela va a cortar porque no le gusta hablar con máquinas.
...
hoy, capítulo cincuenta y cinco de chico de country.
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voyeur

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