29.8.07 

novio temático
anoche juli soñó con martín y no fue uno de esos sueños en que se hilvanan los sucesos del día por asociación libre. no. en su sueño estaban él y ella tal como eran hacía tres años y pico, cuando estaban juntos. él y ella a punto de coger en la casa de juli. tenían sexo y a juli le gustaba. le encantaba porque todo era suave, sutil. le encantaba en el sueño y también soñarlo. se excitaba dormida, tapada con sábanas apenas, las piernas dibujando el número cuatro y la remera vieja de los simpsons levantada a la altura del pubis. pubis angelical, plagiaría martín. otra vez martín.
hubiera sido un sueño común y corriente si todo hubiera terminado ahí. abrir los ojos y que martín no estuviera. ir al baño, tomar un poco de agua, volver a la cama e imitar la posición hasta dormirse. pero el sueño siguió, o terminó. se le volvió recuerdo, no sabe, no sé. se fue a bañar y él quedó desnudo en la cama, con los brazos cruzados debajo de la almohada, los cafés a medio tomar en la mesita de luz y el tía maría al borde de la cama. salíó del baño y martín estaba sentado como indio, con la guitarra en brazos sin hacerla sonar. juli tenía la toalla en la cabeza y él le dijo: parecés un helado de frutilla en cucurucho, y ella volvió a sentir que era feliz por aquel pibe feo y despeinado que sólo tenía tiempo para su banda de rock. todo eso ya les había pasado y juli volvía a soñarlo. inclusive...


hazzzzzzzzzzzzzz mel amorrrrrrrrrrr
sólo hazzzzzzzzzzzz mel amorrrrrrrrr
por favoooooooooooooooooooooor
hazz mel amoooorrrrrrrrr


así le cantaba love me do, de los beatles, martín; desnudo, vestido con la guitarra, traduciéndola en simultáneo y cantándola con voz melosa, a lo sinatra, y ella estallaba en carcajadas. sonriendo dormida, juli escuchó sus propias carcajadas desvanecerse por el piiiiiiiiiii insoportable del despertador.

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6.8.07 

jugar
van tres domingos de limpiar el baño al levantarse y cielo espera que sea el último porque no es cuestión de seguir haciendo pendejadas los sábados a la noche y luego... puaj. y si no es el último, premio consuelo: los domingos no hay mucho que hacer y hasta le viene bien cuando la limpieza excede los límites del baño como la semana pasada. ocupa su cabeza, repasa y repasa la cerámica vomitada con el trapo de piso y lavandina; como si curara una herida. le falta el ya pasa, cielito de su mamá cuando de chiquita llegaba llorando, con la rodilla lastimada de jugar a la pelota, y la conclusión posterior al ardor del agua oxigenada: eso te pasa por jugar con los nenes ¡varonera!.

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23.4.07 

culpa
discutieron a muerte y en el hijo de puta final se decidió.
mientras todavía estaba encerrada en el baño, le dejó una bala y el revolver con el tambor abierto sobre el televisor.
ella se reclamaba insultándose en el espejo rajado del botiquín. él, bajando taco a taco la escalera, se acomodaba el uniforme y confiaba en que la culpa haría su trabajo.


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18.1.07 

me dejó
me lo dijo y sentí que me dejaban todos los anteriores.
ya soy experta en que me dejen.
no quiero llamar a césar y que me invite a salir. él siempre está, pero no. otra vez, no. lo pensé y no. ya es demasiado que me hayan dejado una vez más. otro otra vez es redundante. no tengo que repetirme. no repetirse es señal de crecimiento. no repetirse es señal de crecimiento. eso.
cuando me dejan, siempre regreso a este diario y a los libros de filosofía que nunca le devolví a césar (me los llevé por equivocación porque todavía no habíamos desarmado las cajas de libros). jamás terminé de leer ninguno, que ya me había enganchado con otro tipo. ahora mismo estoy viendo en mi biblioteca el libro que voy a recomenzar; ni sé el título, los elijo al azar. casi siempre intento retomar desde donde quedó el señalador y hasta a veces logro acordarme de qué se trataba, pero lo principal es no leer historias ni nada. quiero textos fríos que me hagan pensar, o convencerme de que soy estúpida y que jamás voy a entender nada de lo que dice en esas páginas. la humillación mental antes que el hombre en cuestión.
ahora necesito bañarme. bañarme, volver a pasarme mis cremas, perfumarme y, antes de irme a dormir, cortarme el pelo yo misma. yo puedo. ya lo he hecho.
además, si queda mal, crece.
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anoche cuando terminé de escribir sonó el teléfono. era césar. le llegó la factura de mi celular y me llamó.
terminó invitándome a cenar y acepté.
mientras comíamos, no paró de mirarme el flequillo.
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21.11.06 

espejada
lucrecia ya no era lucrecia. eso sentía ella. se observaba y sabía que no era así, que algo le había sucedido. ¿qué pasó entre vos y yo?, ironizaba frente a la crueldad implícita de su presencia frente al espejo.
podría mirar para otro lado, es cierto, pero no lo hace. a sus cuarenta y pico -porque merece que yo sea caballero-, podría tranquilamente tomar la posición de mujer superada y profunda que está en la flor del intelecto y que busca un compañero de vida para pasar sus mejores momentos y que el hombre que no lo sepa entender será que no está lo suficientemente maduro o mentalmente despierto para acompañar a una dama de su talla. sin embargo, no. lucrecia insiste en enfrentarse al espejo.
se pasa el dedo índice por las estrías de sus pechos y lo sigue con los ojos. la celulitis... los muslos excedidos... no puede evitar la autocrítica. es cruel. detrás suyo ve la cama desordenada, llena de ropa tirada por la inminente elección de un atuendo correcto para la cita de esta noche. nombre: león. edad: treinta y cinco.
un hombre más joven nunca está mal, dirán sus amigas que intentan levantarle el ánimo. sin embargo, lucrecia dice ser realista: estoy en la mala, se me pasó el cuarto de hora. van a insistirle: en la mala, pero salís con un hombre más joven que vos, hija de puta. y ella no va a seguir con el tema para no develar que el tal león no es otra cosa que un gatito doméstico que todavía vive con sus padres y duerme en cama individual. lucrecia va a preferir el silencio porque a veces le molesta mucho eso de tener razón en su contra.

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hoy, viernes, capítulo sesenta y siete de chico de country.
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24.10.06 

siempre nunca
no se daba. no podía. sólo una vez, pero después nunca... nunca. él quería. ella también. pero no.
una vez, al fin los dos sí, pero se desencontraron y, en la pared de la esquina acordada, él escribió:

-a veces pienso que somos fanáticos de extrañarnos.

ella nunca lo leyó.

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hoy, capítulo sesenta y tres de chico de country.
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28.9.06 

dejares
era un loco de verdad. el cornudo pescó a un tipo extraño totalmente fuera de sus casillas haciéndole piruetas a su mujer sobre su propia cama. el engañado entró a la habitación y sacó de su cajón un arma, mientras el acto se seguía consumando. nadie parecía percatarse de su presencia. el tipo extraño fuera de sus casillas no se movía, ni siquiera escapaba a pesar de esa tentadora ventana a su derecha, a sólo un metro. tampoco se le notó ni una pizca de duda en su bamboleo sexual cuando el cornudo le apoyó el arma en la mollera. ni siquiera lo miraba o pestañeaba, sólo observaba los labios tensionados de la mujer e incrementaba el ritmo del vaivén mordiéndose la comisura.
cuando su mujer dejó de gritar desencajada de placer en ese alarido furioso y final, el hombre extraño fuera de sus casillas le sacó el arma y la revoleó mientras el cornudo lloraba y sudaba diciéndole cosas inconexas relacionadas a la muerte y a su madre.
el hombre extraño fuera de sus casillas se vistió sonriente, luego besó a la mujer en la boca con pasión y asco a la vez. la dejó boquiabierta, juntó lo que quedaba de su ropa y se fue empujando a la víctima del adulterio al rincón del cuarto.
abrochándose la blusa, la mujer en la cama dándole la espalda, el frío y la humedad de la pared penetraban en su dorso, y lo único que brillaba en el apagón de la noche era el reflejo en sus ojos de esa browning descansando en el parquet.
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ah, para los que no sabían, capítulo cincuenta y nueve de chico de country.
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19.9.06 

zulema hecha ley
bailaba el tango y los hombres se relamían sin relamerse, o tal vez a alguno se le escapara un lenguetazo libidinoso que barre la espesa baba blanquecina de la comisura, pero no es el punto hacer denuncias de esa calaña. lo que sí se comenta con rencor nacionalista es que, cuando la zulema bailaba el tango, los turistas amantes de la glamorosa danza argenta, arrimando la silla a la mesa para disimular la atención de su bragueta, le ofrecían cifras siderales por una noche entre sus piernas. sin embargo, a la zulema nadie le conocía el sí. sólo su sonrisa.
muchas veces han querido averiguar su estado civil. le preguntaban a los mozos, a las demás señoritas que bailoteaban en la pista de la milonga, a los adolescentes púberes que parecían ser la nueva carne de la viruta del tango, pero ninguno tenía la precisa.
desde la semana pasada que la zulema ya no baila en la milonga. los tipos le volvieron a preguntar a los interlocutores de siempre, pero tampoco tuvieron información al respecto. entonces, se lo encaró al dueño del boliche con epítetos de reclamo -como si: no vas a decirnos que la echaste, eh- y la respuesta fue que ella lo había llamado diciéndole que ya no iba a bailar más, ni ahí ni en ningún lado, que eso era lo único que sabía de esa ingrata de zulema.
hace días que el tema sobrevuela el tan de moda ambiente tanguero. los hombres han pensado: desde saludar la viudez de la zulema con un caballeresco ramo de calas hasta perseguir al hijo de puta que se casó con ella y la guardó para siempre. lo cierto es que la zulema ya es mito. cuando en la milonga se aplaude una bailarina, lo primero que se escucha es como una ley: tango-tango, bailaba la zulema, eso era bailar.
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hoy, capítulo cincuenta y ocho de chico de country.
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13.9.06 

noche
las parejas se empecinan en combatir la noche para perder siempre con ella. piromaniacos, incendian camas para iluminarse. cuando las llamaradas se extinguen, el fuego descasa en el humo. algunos cuidan esas cenizas. otros, las barren para volverse otra vez inflamables.
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hoy, capítulo cincuenta y siete de chico de country.
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además, acá dejo los links para votar en pocos pasos a voyeur o chico de country en los international weblogs awards.
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11.7.06 

anoche
milagros nova no quería bañarse sola y, a los cinco años, eso, de ningún modo, tiene que ver con orgías o algo promiscuo. se metía en la bañadera con tres muñecas nenuco y las arruinaba por completo. las desnudaba, les ponía shampoo en el pelo y cuando terminaba de bañarlas les daba un besito en la boca a cada una tal como su padre lo hacía con ella.
anoche, a los diecinueve, cuando su madre se lo recordó en una cena con su novio de cuatro meses, le dio vergüenza y bronca a la vez. no emitió palabra hasta que se levantó de la mesa.
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también anoche, mónica midjans hizo las paces con su ego. se miró al espejo y concluyó que a sus cuarenta y tantos no está tan mal. salió del baño y después de mucho tiempo se metió en su cama sabiendo que al fin puede calentarse los pies con alguien y que, aunque esté dormido, no va a quejarse ni nada. ni anoche, ni mañana, ni pasado... al fin, la rutina que esperaba.
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ricardo lumier disfrutaba de mentirle a los chicos. constantemente les decía cosas descabelladas y ese momento era el más sublime de su vida. veía sus rostros azorados, esa manera de creerse lo increíble, y para él era todo. para ricardo, eso era un logro. por más que algunos pudieran decir que él abusaba: no era como robarle un dulce a un niño, sino como dárselo. le gustaba mentirles y tirarles de la lengua.
anoche fue a comprar cigarrillos con su sobrino a un quiosco sobre rivadavia y le dijo que los que viajan en aquel colectivo son gente que va directamente a la cárcel por cruzar mal la calle. que el colectivo se detiene en las esquinas recogiendo a los infractores que ya saben que se han equivocado, que agachan la cabeza y saben que tienen que cumplir una pena.
ricardo después disfrutó de las preguntas de su sobrino a su hermana. se reía a carcajadas y su mamá le decía que ya estaba grande para esas cosas.
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hoy, miércoles, capítulo cincuenta de chico de country.
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20.6.06 

decisión de jefa
lucrecia sampietro es jefa y no le importa hacer uso y abuso de su profesión. es madre soltera y anda por la vida diciéndolo, echándoselo en cara al mundo y en cierto punto haciéndolo responsable de la falta de marido. todo, para que no la hagan responsable a ella, que ya tiene demasiado con la oficina, los presupuestos y los cuatro hombres a su cargo: dos de más de treinta y dos de menos de treinta.
tiene un escote así de grande. no es que lo lleve a veces o algo por el estilo. ella lo tiene. todas las camisas o blusas que utiliza para ir al trabajo son escotadas. por más que sea invierno u otoño, ella lleva el escote.
de los cuatro empleados, ya tuvo relaciones con tres. ella, a sus treinta y ocho, todavía está fuertísima. así se lo dijo uno de sus empleados y lucrecia lo anda pregonando en su grupo de amigas: estás fuertísima, me dijo el pendejo, comentó ella en la casa de mónica y todas se rieron a carcajadas entonadas por el anís.
el miércoles pasado le tocó a joaquín. le dijo que tenía que quedarse a hacer extras por el balance de uno de los clientes y el empleado de 25 años obedeció. sí, no hay problema, respondió con la seguridad de lo que sucedería después. los compañeros ya le habían contado sobre la jefa, de su gusto por el histeriqueo previo y también de los gritos desaforados con los que les cambiaba el nombre a sus amantes durante el sexo.
joaquín radini resistió los embates histéricos de lucrecia con soltura: sorteó la apertura de escote durante el pedido de material de la empresa, la charla de mal de amores, las piernas demasiado abiertas en el sillón de la oficina mientras él controlaba el listado de proveedores y también soportó los masajes del trabajo terminado.
lucrecia desesperaba por la quietud de su futura víctima y, basándose en su omnipotencia, hasta llegó a pensar en la homosexualidad. entonces, por primera vez tomó la iniciativa.
-si no me sacás la ropa ahora, te echo -le ordenó hablándole casi boca a boca.
-... -joaquín la miró sorprendido. nunca pensó en tal frase para romper el hielo.
-¿qué me mirás, radini? ¡desvestime, te digo!
-no...
-¡qué no! yo no te lo estoy preguntando. te lo estoy ordenando, radini. acá yo tengo el poder, querido...
-y yo me cago en tu poder -dijo radini. se levantó, agarró su campera y se fue.
el lunes fue a trabajar como si nada hubiera pasado y la saludo: buenos días. buen día, le respondió ella muy contenta.
dos semanas después, joaquín radini tuvo que volver a hacer extras pero esta vez cedió ante la jefa. ella se estaba tocando frente a él, sin decirle nada. de piernas abiertas, otra vez en el sillón de la oficina, y con el escote desordenado. lo miraba fijo y se lamía los dedos de su mano derecha. luego los gritos, el cambio de nombre, los pedidos... todo.
la mañana del lunes, al entrar a la oficina, un compañero le dio la mala noticia: lo habían echado. parece que reducción de personal, le dijeron. entonces, entró raudo a la oficina de lucrecia.
-¿qué carajo hacés, lucrecia? -era la primera vez que la tuteaba.
-¿yo? ¡te echo!
-¿pero por qué?
-cogés mal, radini. muy mal. tomátelas.
cuando salía, los compañeros se reían de la desgracia ajena.
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12.6.06 

el momento de marina
se caracterizaba por una virtud elogiable y poco común por la vorágine de realidad que acoge a cada ser humano: marina era paciente. no tenía problemas en esperar y eso se le había vuelto un modo de vida.
vivía tranquila, con soda, y todo eso sin la necesidad de fortunas o amores desquiciados. lo suyo era la calma y hasta en la oficina donde trabaja no obedecía a la ley madre del ambiente de trabajo: no podía andar haciéndose la ocupada con una carpeta bajo el brazo y caminando con el paso apurado de nalga contraída. ella parecía arrastrarse por los pasillos con los informes casi colgándole y su escaso maquillaje no ayudaba a su cara blanquecina.
no puede ser que seas así, parece que estás muerta, le dijo una vez una compañera de trabajo que pretendía su puesto de team leader, pero ella siguió sin mosquearse. trabajaba y se iba a la casa. no hacía sociales y no lucía minifaldas para convencer, ni siquiera a pesar de que aquel semblante moribundo escondiera la mejor herencia que podía pretender de su madre: el culo. la frase célebre de mamita, porque así se hacía llamar su madre, era: el culo no es nomás para sentarse, querida, hay que saber usarlo, eh.
contradiciéndola, marina vestía casi como hombrecito y era como una hormiga del mundo. siempre trabajando, agachaba la cabeza y era capaz de pedirle disculpas hasta a los testigos de jehová que le tocaban timbre los sábados a las ocho de la mañana.
todo eso sucedió hasta que la nombraron coordinadora general de su oficina. hace tres meses que ostenta ese puesto y hace el mismo tiempo que se lleva el mundo por delante. parece ser la hora de su revancha, la hora de transformarlo todo a su gusto, de que el trabajo se haga como corresponde y nada de ñoquis en la oficina. en los pasillos que dan al bufet, sus empleados se juntan para secretear mientras fuman. dicen que se la creyó: ya no es la misma de antes, reclaman como si alguna vez le hubieran prestado algún tipo de atención. mientras tanto, marina sonríe sin comunicárselo a su rostro. siente que llegó donde quería llegar, que éste es el momento que estaba esperando.
ayer se animó: fue al trabajo más maquillada en las ojeras y con una pollera corta comprada en el shopping. no llega a minifalda pero la evidencia del contorno de sus caderas ya fue suficiente como para que los hombres del lugar no la vieran tan déspota como habían concluido en el pasillo. su madre, que toda su vida fue ama de casa, debe estar orgullosa.
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hoy, capítulo cuarenta y cinco de chico de country.
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5.6.06 

amigos de nuria
nuria busca amistades. va por la vida siendo amable, cortés, accediendo a invitaciones de cenas laborales, llama a sus ex amigas felizmente casadas que sólo mantienen el título de amigas y ya no las funciones, va a reuniones de ex compañeros de colegio... hace de todo por tener amigos y amigas, pero es difícil.
es raro. a su edad, la gente ya tiene amigos, ya los trae de hace tiempo, pero nuria no. ella los perdió cuando se puso de novia con ariel a los dieciseis y mucho más cuando se casaron a los 23 por la llegada de tomás. se abocó a la familia.
ahora, a los treinta y pico, separada de ariel, pero con buena relación entre ambos, y con tomás ya más grande, quiere rehacer su vida. quiere amigos. divertirse. salir.
pero no puede. se acerca a los hombres y todos creen que quiere cama y cuando comprueban lo contrario pasa a ser una histérica. se acerca a las mujeres y la toman por robamaridos. no sé de qué tienen miedo, piensa ella.
hace un año fue víctima de un acoso sexual. confió en la cortesía que parecía ofrecerle su jefe, sufrió apriete en horario de horas extras y empresa desolada, gritó, lloró, recurrió a un abogado experimentado y jamás volvió a contarlo. ayer ganó el juicio y su jefe quedó de patitas en la calle. al contrario de lo que pensaba, no sintió aires de revancha. cuando todos hablaban pestes del tipo, a ella le dio pena por dejarlo en la calle.

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¿quién soy?

  • un tipo que escribe lo que su miopí­a galopante le permite ver.
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